sábado, 28 de marzo de 2009

Dios confía en tí

Te recuerdo una historia.

De la nobleza por adopción. Un israelita criado en un palacio egipcio. Sus compatriotas eran esclavos, pero Moisés era privilegiado. Comía a la mesa real. Fue educado en las escuelas más refinadas. Pero la maestra que más influyó no tenía título alguno. Era su madre.
Una judía que contrataron para ser su nodriza. "Moisés"- casi puedes escuchar como le susurra a su jóven hijo- "Dios te ha colocado aquí a propósito. Algún día librarás a tu pueblo. Nunca olvides, Moisés. Nunca olvides".

Moisés no lo hizo. La llama de la justicia se hizo más caliente hasta arder. Moisés vio a un egipcio que golpeaba a un esclavo; intervino y asesinó al egipcio. Al día siguiente Moisés vio al hebreo. El esclavo en lugar de mostrar gratitud, expresó enojo. "¿Piensas matarme como mataste al egipcio?", le preguntó. (Éxodo 2.14). Moisés supo que estaba en dificultades. Huyó de Egipto y se ocultó en el desierto.
Y así fue que un hebreo brillante y prometedor comenzó a cuidar ovejas en las colinas. Del círculo más refinado al cultivo de algodón.

Moisés quizás pensó que Dios lo había abandonado. Quizás pensó que el cambio era permanente. No existe evidencia, de que haya albergado jamás, la intención de regresar a Egipto. Es más, todo parece indicar que deseaba permanecer con sus ovejas. De pie descalzo ante la zarza, confesó: "¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?". (Éxodo 3.11)
Me alegra que Moisés haya hecho esa pregunta. Es una buena pregunta. ¿Por qué Moisés? O. más específicamente, ¿por qué el Moisés de ochenta años?
La versión de cuarenta años era más atractiva. El Moisés que vimos en Egipto era más temerario y seguro. Pero el que encontramos cuatro décadas más tarde era reacio y curtido. Si tú y yo hubiésemos visto a Moisés allá en Egipto, habríamos dicho: "Este hombre está listo para la batalla". Fue educado en el sistema más refinado del mundo. Entrenado por los soldados más hábiles. Contaba con acceso instantáneo al círculo íntimo del Faraón. Moisés hablaba su idioma y conocía sus costumbres. Era el hombre perfecto para la tarea. Moisés a los cuarenta años nos gusta. ¿Pero Moisés a los ochenta? De ninguna manera. Demasiado viejo. Demasiado cansado. Huele a pastor. Habla como extranjero. ¿Qué impacto causaría al Faraón? No es el hombre indicado para la tarea. Y Moisés habría estado de acuerdo. Ya lo había intentado antes y ése pueblo no quería su ayuda. Sus ovejas eran más fáciles de guiar.

Moisés no habría ido. Tú no lo habrías enviado. Yo no lo habría enviado. Pero Dios sí lo hizo. ¿Cómo se entiende esto? En el banco suplente a los cuarenta y titular a los ochenta.

Para empezar, "LA VIDA QUE PASO EN EL DESIERTO". El Moisés de cuarenta años era uno de la ciudad. El octogenario conoce el nombre de cada serpiente y la ubicación de cada pozo de agua. Si debe conducir a miles de hebreos en el desierto, será mejor que conozca lo básico de la vida en el desierto.
Otro asunto es "la dinámica familiar". Si debe viajar con las familias durante cuarenta años, es posible que le sea de ayuda comprender cómo actúan. Contrae matrimonio con una mujer de fe, la hija de un sacerdote madianita. Y establece su familia. Pero, aún más importante que la vida en el desierto y la gente, "Moisés necesita aprender algo acerca de sí mismo". Al parecer lo ha aprendido. "Dios dice que Moisés está listo". Y para convencerlo, le habla a travéz de un arbusto. Era necesario que hiciese algo dramático para captar la atención de Moisés!!!

Así como a Moisés, quizás a vos tambíen te está hablando. Tal vez te está llevando al desierto. O te estará instruyendo.
No reniegues de lo que estás atravezando, tán sólo aprende lo más que puedas de tu situación preocupante. "Por más grave que parezca tu problema, tómalo como un llamado de atención de parte de Dios". No como un apercibimiento, sino un llamado a ser otro Moisés. Hay muchos "esclavos" que esperan por un Moisés.
Aprende a moverte en tu dolor. A salir de las angustias. A sonreir en tu desgracia. "CONFÍA EN DIOS. DIOS CONFÍA EN TÍ". Intenta afirmarte. Mantente en tu fe. Afina tu oído para escuchar la voz de Dios susurrándote: "Se acabaron las clases. Ha llegado el momento de ponerse a trabajar".

"Si Dios comenzó una obra en tí, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". (Filipenses 1.6)

No mires tus problemas. No te impacientes en una respuesta. Mantén tu fe. "DIOS CONFÍA EN TÍ. DIOS AÚN NO HA TERMINADO SU OBRA EN TÍ".
"Tu Padre quiere que sepas eso. Y para convencerte, es posible que te sorprenda. Quizás te hable a travéz de un arbusto. O más extraño aún...

...tal vez TE HABLE por medio de éste BLOG.



Relato adaptado de "Cuando Dios susurra tu nombre" (Max Lucado)

6 comentarios:

Bettina dijo...

Que lindo, me encanto...gracias por semejante lectura...me gusto mucho y la disfrute muchisimo!!! Y espero estar aprendiendo algo en mi vida...les mando un beso grande y todas las bendiciones...Bettina

Adrisol dijo...

muy interesante tu entrada!!!!
para leerlo y tenerlo siempre a mano.........gracias por compartir.
un abrazo

angeles dijo...

hola pablo..espero pronto pueda leer que ya estas bienn te deseo suerte muchaaaaaa soy angeles mama de tadeo autista severo de 10 años.

Javi dijo...

Hola pasa por mi blog de cocina que tienes un premio.
Abrazos.

Nerina Thomas dijo...

Busca cuando puedas, "Muéstrame tu rostro" de Ignacio Larrañaga.
Me acompaña siempre, allí a un costado de mi cama.
Búscalo, te alimentará su palabra.
un abrazo

Anónimo dijo...

MUY BUENO NO SABES PABLITO COMO M ACORDE DE VOS TODO ESTE TIEMPO LA MAMA DE LUIS ESTUVO MUY MAL Y TODO ESTO M AYUDABA PARA DARLE FUERZAS A LUIS YA TE CONTARE TE MANDO UN BESOTE GIGANTE TE QUIERO MUCHOOOOOOOOOO Y NOS VEMOS PRONTO